Tal como lo señala la Mg. Cecilia Arizaga en
su artículo “Modelos Culturales en el
consumo de alcohol adolescente” (2005), la ingesta de bebidas alcohólicas es hoy un componente esencial de los
rituales a través de los cuales los jóvenes ensayan su particular forma de
producción del “Yo”
.
“El tomar” se encuentra directamente relacionado con
la formación y afianzamiento del “ser ”,
entendiendo a éste como el emergente
de las tensiones que implica la
construcción de su identidad, en el doble juego de la búsqueda de libertad de elección propia del ciclo
vital que atraviesa , y los modelos y exigencias que le impone la sociedad
vigente.
Todo esto en medio de la crisis
que supone la separación del mundo adulto (por la cual las constricciones y
marcos regulativos de las instituciones tradicionales -familia, escuela etc.-
tienden a ser desplazados por el autocontrol), y la búsqueda de su propia
imagen frente a su grupo de pares.
Sumido
en las presiones sociales, el adolescente
y el joven encuentra funcional el consumo de alcohol, como un instrumento para
que los demás vean en él (a través de sus efectos) a un ser desinhibido, con
mayor autoestima, en términos de ellos mismos “aguantador”, capaz de divertirse
hasta la extenuación y sobre todo seguro de si mismo.
El
consumo de alcohol tiene entonces una
importante connotación social que tiene que ver además con la cohesión social,
y que muchas veces se encuentra también relacionado con los protocolos que
implican ciertos eventos como ser salir a bailar, fiestas de quince años, viajes de egresados,
recitales etc.
Esta necesidad de identificación
insatisfecha, y la ausencia de referentes son los elementos más importantes a
la hora de interpretar el efecto de otro componente esencial de este panorama: la influencia de los medios de comunicación.
En contraposición con las drogas consideradas tradicionalmente ilegales,
cuyo uso y tráfico es combatido, el
alcohol, el tabaco y muchos fármacos y
sustancias energizantes altamente peligrosas, son objeto de consumo y se
ofrecen masivamente en campañas publicitarias.
En tal sentido, la incorporación de la población joven al marketing
publicitario estimula el consumo prometiendo
a cambio éxito, placer, diversión, eficacia etc., utilizando slogans e imágenes que, junto
con las aportadas por ídolos y otros elementos de la cultura mediática,
devienen en referentes cuyo discurso resulta mas poderoso que el las
debilitadas instituciones tradicionales, marcando y modelando sus necesidades y
preferencias.
Una de las manifestaciones más temibles y preocupantes surgidas en los
últimos años como consecuencia de estos hechos es el “preboliche” o simplemente “la previa”.
Hugo Míguez especialista e investigador del CONICET, define el preboliche como “la instancia previa de
preparación emocional, por vía de las bebidas, para el encuentro con música,
jóvenes y, eventualmente, con otras drogas unas horas después”.
Este ritual cuya importancia entre los
jóvenes crece día a día, marca el escenario
del cual suelen surgir las consecuencias que más angustian a padres y
educadores: accidentes, muertes, intoxicaciones severas, coma alcohólico etc.
En efecto, los adolescentes acostumbran
reunirse en la calle, en las cercanías de un kiosco o bar, o directamente en
alguna casa, con el sólo objeto de consumir, en una rutina que conjuga el
descontrol, las ansias de una presentación exitosa y el temor a ser condenado
al espanto de la humillación y el ridículo,
el deseo de experiencias excitantes, la
necesidad de desinhibirse y sobre todo, la búsqueda de una identidad.
En tal sentido dice la Mg. Cecilia
Arizaga
“La realización de la identidad mediante
el alcohol nos está hablando de un adolescente que se siente exigido a ser
alguien, en parte por características propias de su etapa vital, pero también y
significativamente por condicionantes específicos de un clima de época que
exige “ser uno mismo’ un sujeto que se construye a sí mismo a la vez que impone
un estricto menú de formas de ser en el mundo. En este menú, las imágenes
proyectadas por las publicidades fijan pautas de presentación del yo, que
impactan deliberadamente en la subjetividad contemporánea (...) Las
publicidades nos muestran sujetos que adquieren un aura de éxito social ni bien
ingieren alcohol”.
La tendencia señala que
para muchos adolescentes la
previa puede resultar mucho más importante que la salida o incluso
transformarse en el único objetivo. Esto introduce una mayor dosis de riesgo,
ya que la cantidad de bebidas a la que los jóvenes pueden acceder “fuera del
boliche”, siempre resulta sustancialmente superior.
Asimismo este fenómeno introduce otras cuestiones que es necesario considerar.
Al respecto advierte Hugo Míguez
“Frente a las necesarias e inevitables
vacilaciones del crecimiento juvenil
siempre hay alguien que obtiene una ganancia y otro que la hace posible. El
preboliche, <…..>, no transcurre sólo por cuenta de los jóvenes. La
publicidad que indica cómo adquirir la perfección estética y social desde una
bebida, el sistema de comercialización de las sustancias con delivery a
domicilio de bebidas (sí... sólo mayores de 18 años...) y, también, la mirada tolerante de la casa (que es
donde transcurre el preboliche) aceptan la naturalización del descontrol como
parte del encuentro juvenil.”
Y todo esto pese a que en marzo de 1997 se promulgó en
Argentina la Ley Nacional
de Lucha contra el Alcoholismo (Ley 24788)[1]
que prohíbe en todo el territorio nacional, el expendio de cualquier tipo de
bebida alcohólica a menores de 18 años y su participación en propagandas
destinadas a la venta , la prohibición durante las 24 horas de la
venta de alcohol en quioscos, maxiquioscos y locales destinados a prestar
servicios a automovilistas y la limitación de
venta en almacenes y supermercados durante la franja horaria comprendida
entre las 8.00 hs y las 23.00 hs .
La graves violaciones en las que
suelen incurrir los locales de venta y las discotecas, y las argucias que los
jóvenes despliegan para lograr evadirla, pone al alcance de los chicos todo un
abanico de posibilidades que va desde la
cerveza y el vino hasta otras mas
bebidas blancas mas sofisticadas como el vodka, el tequila etc. Sin contar los
variados aditamentos que pueden adquirir como ser la bebidas energizantes
rebosantes de cafeína, los psicofármacos y otros medicamentos que “suelen ser
parte del botiquín doméstico”[2]
y que los jóvenes mezclan[3]
con el objeto de ver “como pegan” (es decir como se potencian produciendo
efectos nuevos y rápidos)
.
La amenaza que implica este ritual cuyo uso se extiende rápidamente
puede comprenderse simplemente a partir de unos pocos datos estadísticos:
Según relevamientos realizados por el Servicio de Toxicología del
Hospital Fernández, durante el año 2009, un 70% de las consultas por intoxicaciones graves se realizaron por consumo de “drogas legales”
, de las cuales un 51% corresponden únicamente a alcohol, 10% a alcohol más
medicamentos y 9% a psicotrópicos.
Asimismo, son de público conocimiento muchos casos
en los que el desenlace de una “previa” o de una “fiesta de egresados” ha sido
la muerte o la incapacidad permanente como resultado del efecto de las
sustancias consumidas o como consecuencia del descontrol que genera su uso.
En tal sentido, como ya se ha dicho, a la lista de preocupaciones que
motivan este proyecto, es imprescindible agregar el cúmulo de otras cuestiones asociadas como ser el aumento de la violencia, la promiscuidad, el embarazo
adolescente, el peligro de accidentes (por cuanto el alcohol disminuye la
capacidad para reconocer los signos de alerta) , la vulnerabilidad a las agresiones, etc.
Finalmente,
un repaso superficial sobre los factores
que pueden conducir al consumo abusivo: intentar anestesiar un dolor, aliviar
la angustia, insensibilizarse, tapar un vacío, calmar la ansiedad, provocar un
estado de euforia, escapar de la monotonía, producir un estado de ensoñación
,divertirse (para lo cual en el imaginario de los jóvenes “es necesario
embriagarse”) ,etc. ; muestra que cualquiera
sea su efecto, éste es siempre
transitorio, [y….] entonces, cuando se disipa
es necesario volver a consumir.
Aquí es donde aparece el riesgo de la palabra tan temida: “dependencia”, como otra de las
manifestaciones del flagelo social que está afectando a nuestros jóvenes.
La dependencia tal como la
define la OMS es (Lizarbe,Librada,Astorga,1994) “un grupo de
síntomas cognitivos, fisiológicos y del comportamiento que indican que una
persona presenta un deterioro del control sobre el consumo de la sustancia
psicoactiva[14] y que
sigue consumiéndola a pesar de las consecuencias adversas.”
Por lo tanto, incluye entre otros el deseo
intenso de consumir y la dificultad para controlar dicha ingesta , persistencia
a pesar del daño, prioridad de la búsqueda de bebidas sobre otras actividades ,
deterioro físico y mental, aumento de la tolerancia y por lo tanto de las cantidades requeridas para producir efectos
etc.
Esta
dependencia constituye la forma mas extrema y crónica de vinculación con las
sustancias y en ella se conjugan, como en el resto de los consumos
problemáticos además de la alta
cantidad y frecuencia del consumo, factores personales motivaciones y
particularidades el entorno.
[2] que puede incluir benzodiacepinas, medicamentos
cardiológicos, antialérgicos, antiparkinsonianos (“las pastillas del abuelo” en la jerga
adolescente) e inclusive “Viagra”, cuyo uso está vinculado con la mejora del
desempeño frente a debut sexual etc.
[3]
En referencia a
la previa dice Alejandra Lacroze (Septiembre del 2009): “…lo peor es que lo que
se oculta detrás del fenómeno es un imperativo que rige entre los jóvenes,
según el cual para divertirse se necesita estar ‘borracho’ o ‘puesto’, como
dicen ellos”.
[4]Sustancia psicoactiva : “Sustancia que, cuando se
ingiere, afecta a los procesos mentales, p. ej., a la cognición o la
afectividad.”
[5] Un consumo puede
ser “problemático” para una persona cuando el mismo afecta negativamente –en
forma ocasional o crónica –a una o más áreas vitales a saber: 1)la salud física
o mental,2) sus relaciones sociales primarias (familia, pareja, amigos), 3) sus
relaciones sociales secundarias (trabajo, estudio), 4)sus relaciones con la
ley”.
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