Como
respuesta a la parcialidad de los modelos anteriores, surge en
1975, bajo iniciativa del Instituto de Investigaciones Toxicológicas de nuestro
país el
llamado modelo ético social .
El
principal aporte de este modelo se basa en
la idea de la prevención a través
de la educación.
El modelo
ético social, se caracteriza por encarar la prevención de las dependencias con
una dinámica circular, involucrando a todos los actores en la responsabilidad
del surgimiento de valores y en la creación de nuevos proyectos
de vida a partir de la reflexión crítica y participativa.
Así, el
foco de la prevención no descansa ya en ningún aspecto específico, como ser la
sustancia o quien la consume, sino que se lanza desde una perspectiva
multidimensional hacia una tarea de redescubrimiento basada en una sociología crítica[2]
y en una ética de transformación.
Aparecen
entonces nuevas dimensiones como ser el concepto de “tiempo creador”, entendido como
instrumento para la aparición y concreción de proyectos personales[3],
insertos dentro un más amplio proyecto social
en común.
El proceso de elaboración de dichos propósitos de vida incluye la
reflexión, el debate, la explicitación de conflictos y estereotipos, la
co-construcción y resignificación de valores, la duda y la crítica frente al mensaje masivo,
la búsqueda de información y la profusión del diálogo y la actitud de escucha
mutua[4]
.
Surge
entonces como correlato inmediato que esta forma de concebir la acción
preventiva genera un amplio espacio para la intervención educativa desde el
ámbito de la escuela, al mismo tiempo que engloba y subsume desde su carácter
multidisciplinario los principales aportes emanados de los demás paradigmas[5].
Esta
estrategia de prevención integral “se centra en la capacidad de reflexionar
acerca de lo que nos pasa, en abrir
espacios en donde escuchemos nuestros acuerdos y nuestras diferencias, en
construir una red social con capacidad de recepción, contención y respuesta a
partir de la cual podamos modificar aquello que nos pasa.”(Touzé,Op.Cit.p.66)
Así
entendida, la tarea preventiva busca:
- Generar protagonismo permanente por parte de todos los actores sociales.
- Desarticular prejuicios y reemplazarlos por criterios científicos.
- Fomentar el compromiso.
- Incentivar el autocontrol y la autoestima a través del autoconocimiento.
- Apuntar a lo comunitario, superando el aislamiento y buscando el proyecto de vida en común.
- Promover la construcción de redes sociales como herramienta organizativa, eliminando rasgos enajenantes y reemplazándolos por el consenso y la autonomía grupal.
[1] Con el auspicio de la
UNESCO.
[2] la teoría crítica
argumenta dialéctica y reflexivamente acerca de la totalidad social. Busca aquellos
elementos negativos que deben ser superados para un mayor acercamiento a la
realización de un interés emancipador, es decir la autonomía racional y
liberadora del hombre. Implica desde lo educativo la utilización de
instrumentos de reflexión, profundamente basados en la comunicación y el
análisis, a través de los cuales, docentes y alumnos puedan dilucidar el
mensaje oculto en los hechos, tecnologías y principalmente en los medios de
comunicación, con el fin de lograr una apropiación conciente y desde ella
la generación de conceptos y proyectos
en común.Para más información consultar :SAENZ DEL CASTILLO,
Andrés
Ángel. “Teoría Crítica y Educación”,s.f .en :
http://educritica.idoneos.com/index.php/335283
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